CAPITULO 1
LA EVOLUCIÓN HACIA EL HDR

En el mundo de la postproducción de cine y video, y también en el de la fotografía, hay una cruzada continua por conseguir reproducir la imagen más fiel y realista posible. Lógicamente, el objetivo final es la visión humana, que es aquello con lo que podemos comparar y evaluar, y somos una especie con suerte: nuestra visión actual es excelente en términos de rango dinámico y colorimetría.

Durante los últimos treinta años hemos vivido cambios apasionantes en la industria. Primero pasamos de la postproducción analógica a la digital; en las casas tuvimos una transición similar, del VHS al DVD. A primeros de siglo comenzamos a jubilar nuestros antiguos televisores CRT por pantallas digitales, desde el plasma a los actuales LED y OLED; acompañados por la llegada del formato actual de emisión y difusión HD.

En esta norma actual, tanto si hablamos de televisión como si hablamos del formato Blu-Ray o la difusión por plataformas de streaming, tenemos dos elementos comunes:

  • El espacio de color BT.709.
  • La curva de corrección de gamma 2.4.

En su momento, eran una revolución más bien moderada. El espacio 709 cubre aproximadamente un 30% del espectro de color visible por el ojo humano, y su predecesor, el espacio BT.601 no quedó demasiado atrás. En cuanto a la curva tonal, la industria no tuvo otra opción que reproducir por software un defecto propio y único de los televisores CRT y acogimos la curva de corrección de gamma cuyo punto blanco se establece en la norma a 100 nits de brillo.

Y exactamente, ¿qué implica un brillo de blanco puro a 100 nits? Básicamente, cualquier elemento que rebote la luz del sol en un escenario exterior medio brilla a varios cientos o miles de nits, es así de simple. Es muy poco en comparación a la realidad.

Si a finales de los 80 comenzamos a ver la postproducción en digital, desde hace unos años ya podemos contar con un flujo de trabajo 100% desde captación en este sentido, ya que prácticamente todos los fabricantes de cámaras en todas las gamas han migrado al digital. Esto y algunas cosas más-, han contribuido a que las cámaras actuales sean capaces de captar una gama de color y una curva de tonos muy superior a la norma HD. Una producción actual filmada con ARRI, RED o Blackmagic Design acaba sometido a un inevitable cuello de botella de rango dinámico y colorimetría al entregarse en HD.

¿Y qué hay de las pantallas? Bien, los fabricantes de televisores tienen un cometido entendible: vender pantallas. Las pantallas HD de los últimos años son capaces de brillar muy por encima de 100 nits y de ofrecer más color, y nos lo recuerdan con nombres comerciales muy atractivos…
Pero de nada sirve si el contenido no es capaz de entender estas innovaciones.

Es por esto que los pesos pesados de la industria, hace ya algún tiempo, designaron el sucesor de la norma HD, ahora también conocida como SDR -Standard Dynamic Range-.

La norma HDR se fundamenta en dos principios: ofrecer más color y un rango tonal mucho más amplio, lo cual deriva en imágenes más brillantes, más vivas, más profundas, más contrastadas y por tanto, mejor definidas. El concepto HDR se ha asociado interesadamente con el 4K o UHD, pero hemos de aclarar que no van de la mano per se, y que un contenido puede ser HD y HDR o puede ser 4K y SDR.

En el próximo artículo comenzaremos a tratar los verdaderos aspectos técnicos de este nuevo concepto y que implicaciones tiene para toda la industria.